lunes, 30 de julio de 2007

La inenarrable historia de Calandria y Estornudo


Calandria:

¿Escapularios o caracoles?, lagrimas de cal entre tus labios de cuerda. Tarántulas de ti me han carcomido el entreojo, dejando apenas letargos de aserrín, un botón destronado y un par de terciopelos aterrados.

Mi cáscara se ha llevado tus sueños de pantano. Las calabazas me acechan cuando pienso en tu pelo de sirena varada y no puedo callar mis anteojos de hilo transparente. Con humor de acordeón he decidido pisar tu lentitud de tuna y no me importa ya si te partes en uno el horizonte.

Sigo por un trapecio con el nombre alazán de tu memoria, extrañando las tardes bambú en las paredes solas de ti, donde todo parece estopa, camaleón, ternura. Me he acostumbrado a una triste pirinola que me canta las notas de tus cuentos y nunca termina de contar hasta siete.

Te olvido como un tono agudo y permanente que asoma por el rojo paño de un capote sin viento. Como calcomanía traigo una pieza de tu pena que no me suelta el color para ser blanco y francamente, me rasco el ritmo con el asco de tus zapatillas.

Antes de reafirmarte me despido, te dejo el sastre para las limosnas y unos kilos de viento entre el martillo y la cuna. No captures el piano ni el sombrero escarlata, yo ya me lleve el sótano y el olor de tu olvido .


Estornudo.

1 comentario:

M Linares Cruz dijo...

Una vez conocí a un melón enamorado. Aprendió a caminar, luego voló, llegó a la mesa de su amada y cuando estuvo en su boca...se desintegró. Así pasa cuando sucede.