
Me confieso un ferviente adorador de la capacidad de encontrar sentido donde no existe. Culturalmente, me parece que los latinos tenemos un sentido especialmente agudo del sin sentido y admiro la entereza con la cuál asentimos ante frases como la que titula esta esquina cibernética.
No pretendo escribir sobre palabras, conceptos o dichos, ni tampoco sobre lo que culturalmente nos define a través de la indefinición. El título es solamente una advertencia ante aquel que ingrese a este espacio en busca de algo en específico.
Una vez acordados los términos, propongo proceder a un ritual sacrificio del sentido como un símbolo que inaugure el camino de imágenes que sin temporalidad, ni compromiso alguno, titilarán en los rincones de tu pantalla itinerante.
Podemos empezar por despellejar nuestras ideas fijas y confeccionar con sus plumas una almohada para el insomnio. Con un corte certero degollar nuestro punto de vista y adornar con su cabeza el manubrio de un triciclo con dueño. Para finalizar el acto, asumo la importancia de apilar los cadáveres uno encima de otro hasta que formen una masa amarilla y homogénea que les reste del todo la posibilidad de una identidad definida.
Mientras consumes la masacre, yo te espero en un cuento sin luna como un francotirador de mariposas.
No pretendo escribir sobre palabras, conceptos o dichos, ni tampoco sobre lo que culturalmente nos define a través de la indefinición. El título es solamente una advertencia ante aquel que ingrese a este espacio en busca de algo en específico.
Una vez acordados los términos, propongo proceder a un ritual sacrificio del sentido como un símbolo que inaugure el camino de imágenes que sin temporalidad, ni compromiso alguno, titilarán en los rincones de tu pantalla itinerante.
Podemos empezar por despellejar nuestras ideas fijas y confeccionar con sus plumas una almohada para el insomnio. Con un corte certero degollar nuestro punto de vista y adornar con su cabeza el manubrio de un triciclo con dueño. Para finalizar el acto, asumo la importancia de apilar los cadáveres uno encima de otro hasta que formen una masa amarilla y homogénea que les reste del todo la posibilidad de una identidad definida.
Mientras consumes la masacre, yo te espero en un cuento sin luna como un francotirador de mariposas.
1 comentario:
Cadaver 1: El doctor abrió la corteza del cráneo. Un rojo chillón invadió las pupilas, las batas, el quirófano y hasta el marco de la ventana. No era la sangre de la incisión. Del cerebro nacía un chorro rojo que indicaba que allí habitaba -incorrectamente- un corazón.
¡Bienvenido al despedace de pedazos de palabras!
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